¡Poseer! ¡Tener! Ésta es la preocupación más inmediata del hombre. Jesús nos expresa su pensamiento respecto a las riquezas. La ocasión para este diálogo se presenta por la discusión sobre una herencia. Según determinadas leyes de esa época, correspondía en su totalidad al primogénito varón. Ante esta situación el hermano menor, por supuesto que no está de acuerdo, por ello recurre a Jesús, que por la autoridad moral que ha alcanzado, semeja a la de un juez. Jesús rechaza ese oficio. Va al fondo de la cuestión y nos da una profunda enseñanza. La parábola contiene las enseñanzas de Jesús sobre la actitud que se debe tener frente a las riquezas. Éstas dan al hombre una seguridad sólo aparente. Ese hombre recibe el adjetivo de “insensato”, porque fundamenta su seguridad y su futuro sobre estos bienes efímeros, marcados por un límite irrefutable que caracteriza cada cosa terrena: precariedad, destrucción, muerte. ¡Hacerse ricos de lo que vale ante Dios! Hermosa frase que cierra el evangelio. Nos invita a una inversión de valores en nuestra manera de considerar a las personas, a nosotros mismos y a las riquezas. |