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25 ENE

Año vocacional de la Familia Paulina

Un año intenso de oración, reflexión y de numerosas iniciativas vocacionales, pensadas y vividas conjuntamente... un año para «reavivar el don de Dios que hemos recibido»
Año vocacional de la Familia Paulina

Hoy 25 de enero, Fiesta de la Conversión de San Pablo, la Familia Paulina inicia la celebración de un Año vocacional, que concluirá el 24 de enero de 2020.

Un año para redescubrir, con gozo, el misterio de nuestra vocación paulina y para proponer a los jóvenes la santidad como «el rostro más hermoso de la Iglesia».

Un año para vivenciar que «el don total de sí a la causa del Evangelio es algo estupendo que puede dar un sentido a toda una vida» (Papa Francisco).

Un año para «salir al encuentro de los jóvenes donde se encuentran, reencendiendo sus corazones y caminando con ellos» (cfr. IL 175).

Un año intenso de oración, reflexión y de numerosas iniciativas vocacionales, organizadas posiblemente a nivel de “Familia” y por ello pensadas y vividas “conjuntamente” por los Institutos presentes en los diversos territorios.

Un año iluminado por la visión de nuestro Fundador, Beato Santiago Alberione, que «vagando con la mente en el futuro le parecía que en el nuevo siglo personas generosas sentirían cuanto él sentía…» (AD 17); un año para hacer resonar la llamada a «sentirnos profundamente obligados a hacer algo por el Señor y por los hombres y mujeres de nuestro tiempo» (cfr. AD 15) y por tanto para «reavivar el don de Dios que hemos recibido».

«Reaviva el don de Dios» (2Tim 1,6) es el eslogan paulino que marcará este año particular.

El verbo reavivar evoca la imagen de la brasa bajo la ceniza. Cuando el fuego está apagado o amortecido, debe ser atizado de nuevo y recibir nueva vida. Todos y todas estamos invitados a reinfundir vida, empuje profético al carisma para trasmitirlo vivo, atrayente, a los/as jóvenes de hoy.

Cada Congregación e Instituto de la Familia Paulina, cada comunidad y cada persona, sabrán excogitar las modalidades más oportunas para que el año 2019, en el que hacemos memoria del “Pacto”, propuesto por el Fundador desde 1919, marque para nuestra Familia una nueva apertura eclesial, un renovado ardor vocacional, una más intensa comunión y colaboración.

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