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01 MAR

Pautas de retiro – marzo 2019

Tema: “Vivamos en continua conversión”
Pautas de retiro – marzo 2019

Pautas de Retiro – marzo 2019 “Vivamos en continua conversión”

I. INTRODUCCIÓN

El tema de este mes ilumina nuestro camino cuaresmal y nos podrá ayudar juntamente con las bellas lecturas de Cuaresma a una profunda reflexión personal y comunitaria sobre el Misterio de nuestra Redención. Somos invitados a descubrir que  Jesús  Maestro  Divino  camina  con  nosotros  y  nos  invita  a  una  conversión. También María nos acompaña en este camino de la Cruz. Jesús sigue sufriendo en los dolores de nuestro pueblo y nos invita a un cambio. ¿Qué tipo de conversión nos pide? La palabra del  Papa  fundamentada  en  la Palabra  de  Dios  y actualizada en nuestro tiempo y algunos pensamientos de nuestro Carisma, presentados por la Hna. Filippa Castronuovo,  fsp  guiarán  nuestros  pasos. Pidamos a María que nos ayude a ser como su Hijo.

II. PENSAMIENTOS DEL PAPA SOBRE LA CONVERSIÓN

El Papa Francisco en sus homilías, nos da una orientación clara y sencilla sobre  la  Conversión,  invita  a  todos  y  también  nosotros  paulinos  y  paulinas  a dejarnos transformar por la Palabra de Dios y colaborar en la construcción del Reino hoy.   Dejémonos  iluminar  por  LA  PALABRA  para  poder  iluminar  como  nos  dice nuestro amado Fundador, y ser reflectores de verdad en medio de las oscuridades actuales.

La  conversión  empieza  desde  nuestro  interior:  redescubrir  el  rostro misericordioso de Dios Padre. “Si hay necesidad de volver es porque nos hemos alejado. Es el misterio del pecado: nos hemos alejado de Dios, de los demás, de nosotros mismos. No es difícil darse cuenta de ello … cuánto nos cuesta confiar en Él  como  Padre…cuán  difícil  es  amar  a  los  demás,  sin  llegar  a  pensar  mal  de ellos…”[1].

Es la llamada a cambiar de vida. Convertirse no es cuestión de un momento o de un período del año, es un compromiso que dura toda la vida. ¿Quién entre nosotros puede presumir de no ser pecador? Nadie… Escribe el apóstol Juan: «Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros.

Pero, si confesamos nuestros pecados, Él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia» (1 Jn 1, 8-9)[2].

La conversión es volver a Dios, pidiendo perdón y cambiando estilo de vida.

Convertirse  según  los  profetas  significa  cambiar  dirección  de  marcha  y dirigirse al Señor, con la certeza de que Dios siempre nos ama y que es siempre fiel”.  Jesús  usaba  en  primer  orden  la  palabra  ‘con-versión’  cuando  predicaba. “Conviértanse y crean en el Evangelio”… La conversión es una dimensión interior del corazón…Es una conversión integral en la cual toda la persona está involucrada: “Corazón y mente para convertirse en una criatura nueva…cambiar el corazón… “Cuando Jesús llama a la conversión, no se erige como juez de la persona… Jesús es la misericordia de todos los que la necesitan para cambiar vida. “Jesús es una presencia amable que acoge a cada uno en su historia de salvación”. Él, con su amor y amabilidad tocaba profundamente el corazón de las personas que se sentían atraídas por el amor de Dios y empujadas a cambiar de vida”.

¿Cuándo la conversión es auténtica?

La conversión es auténtica “cuando nos damos cuenta de la necesidad de los hermanos y estamos listos para encontrarnos con ellos”… Cuántas veces nos decimos: ‘yo no puedo seguir así, debo cambiar, mi vida por este camino no dará frutos, será una vida inútil, será una vida infeliz… cuántas veces tenemos estos pensamientos’. Y Jesús está a nuestro lado con la mano extendida: “Ven conmigo, ven conmigo, el trabajo lo hago yo…Yo te cambiaré el corazón, te cambiaré la vida, yo te haré feliz’. Pero, ¿creemos en esto o no?”.

Todo lo hace Jesús

“Es Jesús que está con nosotros y nos invita a cambiar vida y es Él con el Espíritu Santo quien nos cultiva esta inquietud para que cambiemos y ser un poco mejores”…  “Sigamos,  por  lo  tanto,  esta  invitación  del  Señor,  y  no  opongamos resistencias porque solo abriéndonos a su misericordia, nos-otros encontramos la verdadera vida y la verdadera alegría. Y Él hace todo el resto, pero abrir el corazón para que lo cure y poder seguir adelante…”.

El Papa nos recuerda tres resistencias a la Conversión que nos impiden reconocer a Jesús que camina con nosotros y nos invita a un cambio y que tampoco nos   permiten   escuchar   los   clamores   de   nuestro  pueblo.   –   Todos   tenemos “resistencias” a la gracia, porque “donde está el Señor –pequeña o grande- habrá una cruz. Es la resistencia a la Cruz, la resistencia al Señor que nos conduce a la redención”… Hay “resistencias abiertas, que nacen de la buena voluntad”, como la de  Saulo,  que  se  resistía  a  la  gracia  pero  que  “estaba  convencido  de  hacer  la voluntad  de  Dios”.  Es  Jesús  mismo  quien  le  dice  que  se  detenga,  y  Saulo  se convierte. “Las resistencias abiertas son sanas”, en el sentido de que “están abiertas a  la  gracia,  para  convertirse”…  “Las  resistencias  escondidas”  son  las  más peligrosas, porque son las que no se dejan ver. “Cada uno de nosotros tiene su propio estilo de resistencia escondida a la gracia”. Pero es necesario encontrarla “y ponerla delante del Señor, a fin de que Él nos purifique”. Es la resistencia de la que Esteban acusaba a los Doctores de la Ley: resistir al Espíritu Santo mientras quería aparecer como si estuvieran buscando la gloria de Dios. A Esteban decir esto le costó  la  vida:  “Estas  resistencias  escondidas…  siempre  vienen  para  detener  un proceso de conversión. ¡Siempre! Es detener, no es luchar contra. ¡No, no! Es estar detenido;  sonreír,  tal  vez,  pero  tú  no  pasas.  Resistir  pasivamente,  de  modo escondido. Cuando hay un proceso de cambio en una institución, en una familia, escucho  decir:  Pero,  hay  resistencias  allí…  ¡Pero  gracias  a  Dios!  Porque  si  no estuvieran, la cosa no sería de Dios. Cuando están estas resistencias es el diablo el que las siembra allí, para que el Señor no vaya adelante”.

Hay tres tipos de resistencia escondidas: la resistencia de las “palabras vacías”. Para que se logre comprenderla, Francisco vuelve al Evangelio, cuando Jesús dice que no quien diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los cielos. Como en la Parábola de los dos hijos, a los que el Padre envía a la viña: uno dice “no”, y después va, mientras que el otro dice “sí”, pero luego no va…

Después  está  la  resistencia  “de  las  palabras  justificativas”,  es  decir, cuando  una  persona  se  justifica  continuamente,  “siempre  hay  una  razón  para oponer”: “No, eso lo hizo aquel”. Cuando hay tantas justificaciones, “no está el buen perfume de Dios” – dijo el Papa – sino “el feo olor del diablo”. “El cristiano no tiene necesidad de justificarse”… Por tanto, se trata de resistencia de las palabras “que tratan de justificar mi posición para no seguir aquello que el Señor me indica”.

Y después está la resistencia “de las palabras acusatorias”: cuando se acusa a los demás para no verse a sí mismos, no se tiene necesidad de conversión y así se resiste a la gracia, tal como evidencia la Parábola del fariseo y del publicano. Las resistencias, por ende, son las “¡que están dentro de nuestro corazón, y están todos los días!”. La resistencia a la gracia es un buen signo “porque nos indica que el Señor está trabajando en nosotros”... La resistencia siempre busca esconderse en  las formalidades  de  las  palabras  vacías,  de  las palabras  justificativas,  de  las palabras acusatorias y de muchas otras, trata de “no dejarse llevar adelante por el Señor” porque “siempre hay una cruz”… Por lo tanto, cuando haya resistencias, no es necesario tener miedo, sino pedir ayuda al Señor: ‘Mira, Señor, yo trato de cubrir esto, de hacer esto para no dejar entrar tu palabra’. Y decir esta palaba tan bella, ¿no? “Señor, con gran fuerza, socórreme. Que tu gracia venza las resistencias del pecado”. Las resistencias son siempre un fruto del pecado original que nosotros tenemos. ¿Es feo tener resistencias? No, ¡es bello! Lo feo es tomarlo como defensa contra la gracia del Señor. Tener resistencias es normal; es decir: ‘Soy pecador, ¡ayúdame Señor!’.

III. REFLEXIONEMOS SOBRE NUESTRA CONVERSIÓN

El  Papa  nos  impulsa  a  revisar  nuestras  resistencias  en  este  momento especial dedicado a reflexionar en el mundo de los jóvenes que en medio de sus dificultades buscan a Jesús, con una búsqueda de esperanza. Dicen los Obispos sinodales en la Introducción: «Derramaré mi Espíritu sobre toda carne y vuestros hijos  y  vuestras  hijas  profetizarán,  y  vuestros  jóvenes  verán  visiones  y  vuestros ancianos soñarán sueños» (Hch 2,17; cf. Jl 3,1) Es imprescindible que caminemos junto con ellos y con Jesús que nos acompaña… y también aceptar que recibimos de los jóvenes su testimonio de esperanza.

La  conversión  es  prioritariamente  interior,  pero  debe  proyectarse  en  un servicio a los demás, a la manera de Jesús, volvernos cirineos de ellos, caminar con ellos  como  María  y  abrazar  sus  cruces  que  aún  medio  de  valores  y  elementos positivos  de  nuestra  sociedad,  su  libertad  está  herida:  La  libertad  humana  está marcada por las heridas del pecado personal y de la concupiscencia. Pero cuando, gracias al perdón y a la misericordia, la persona toma conciencia de los obstáculos que  la  apresan,  crece  en  madurez  y  puede  empeñarse  con  más  lucidez  en  las decisiones  definitivas  de  la  vida…es  importante  ayudar  a  los  jóvenes  a  no desalentarse frente a errores y fracasos…

La vida de los jóvenes, como la de todos, está marcada también por heridas. Son las heridas de las derrotas de la propia historia, de los deseos frustrados, de las  discriminaciones  e  injusticias  sufridas,  del  no  haberse  sentido  amados  o reconocidos… Cristo, que ha aceptado pasar por la pasión y la muerte, se hace prójimo mediante su cruz de todos los jóvenes que sufren. Por otro lado, están las heridas  morales,  el  peso  de  los  propios  errores,  los  sentimientos  de  culpa  por haberse   equivocado…   Los   jóvenes   están   llamados   continuamente   a   tomar decisiones  que  orientan  su  existencia;  expresan  el  deseo  de  ser  escuchados, reconocidos  y  acompañados.  Muchos  sienten  que  su  voz  no  es  considerada interesante ni útil en el contexto social y eclesial… se observa una escasa atención a su grito, en particular al de los más pobres y explotados, así como la carencia de Adultos dispuestos a escuchar y capaces de hacerlo. La escucha es un encuentro de  libertad,  que  requiere  humildad,  paciencia,  disponibilidad  para  comprender, empeño para elaborar las respuestas de un modo nuevo. La escucha transforma el corazón de quienes la viven, sobre todo cuando nos ponemos en una actitud interior de sintonía y mansedumbre con el Espíritu… Dios ve la miseria de su pueblo y lo ayuda (cf. Ex 3,7-8).

IV.  ALGUNOS CLAMORES Y CRUCES ACTUALES QUE AFECTAN A LOS JÓVENES

Aunque  se ha tenido  un  avance en  las técnicas y el ambiente  digital caracteriza a nuestro mundo actual, muchos jóvenes se ven afectados por el mal uso de la técnica. La cultura ampliamente digitalizada, los afecta profundamente en la noción del tiempo y del espacio está cambiando la percepción de uno mismo, de los  demás  y del  mundo,  el modo  de  comunicar,  de  aprender,  de informarse,  de entrar en relación con los demás. Se privilegia la imagen respecto a la escucha y a la lectura incide en el modo de aprender y en el desarrollo del sentido crítico. La red provoca soledad, manipulación y soledad también en los jóvenes. Están expuestos a la dependencia de la misma red. A veces los lleva al aislamiento y a la progresiva pérdida de contacto con la realidad concreta y obstaculiza en ellos, el desarrollo de relaciones interpersonales auténticas. Son víctimas de varias formas de violencia por medio del acoso, etc.

Los  jóvenes  sufren también por el fenómeno multiforme de  la  inmigración huyen de la guerra, de la violencia, de la persecución política o religiosa, de los desastres   naturales   y   de   la   pobreza   extrema:   muchos   de   ellos,   buscan oportunidades para ellos y para sus familias. Sueñan con un futuro mejor y desean crear  las  condiciones  para  que  se  haga  realidad.  Muchos  Padres  sinodales subrayan  que  los  inmigrantes  son  un  “paradigma”  que  puede  iluminar  nuestro tiempo y en particular la condición juvenil, y nos recuerdan la condición originaria de la fe, o sea la de ser «forasteros y peregrinos en la tierra» (Hb 11,13) (25).

V. VIOLENCIA Y VULNERABILIDAD

Otros  inmigrantes  vienen  atraídos  por  la  cultura  occidental,  a  veces  con expectativas poco realistas que los exponen a grandes desilusiones. Traficantes sin escrúpulos, a menudo vinculados a los cárteles de la droga y de las armas, explotan la  situación  de  debilidad  de  los  inmigrantes,  que  con  demasiada  frecuencia experimentan  la  violencia,  la  trata  de  personas,  el  abuso  psicológico  y  físico,  y sufrimientos  indescriptibles,  los  inmigrantes  menores  no  acompañados,  y  la situación  de  quienes  se  ven  obligados  a  pasar  muchos  años  en  los  campos  de refugiados  o  que  permanecen  bloqueados  sin  poder  continuar  sus  estudios  ni desarrollar sus talentos. Los jóvenes que emigran tienen que separarse de su propio contexto de origen y con frecuencia viven un desarraigo cultural, religioso y de sus familias.

VI.  ACLARAR LA VERDAD Y PEDIR PERDÓN

Los distintos tipos de abuso que han llevado a  cabo  algunos  obispos, sacerdotes, religiosos y laicos provocan en quienes han sido víctimas de ellos — entre estos muchos jóvenes— sufrimientos que pueden llegar a durar toda la vida y a los que ningún arrepentimiento puede poner remedio. Este fenómeno está muy difundido en la sociedad, afecta también a la Iglesia y representa un serio obstáculo para su misión. El Sínodo renueva su firme compromiso en la adopción de medidas rigurosas de prevención que impidan que se repitan… Hay que ir a la raíz. En otros números del Documento (35-44). Hay otros sufrimientos de los jóvenes que no nos pueden dejar indiferentes.

VII.LA CONVERSIÓN A LA LUZ DEL CARISMA

El Carisma paulino nos motiva también a reflexionar acerca de la Conversión. En  todas  nuestras  capillas  aparecen  las  tres  frases  que  el  Divino  Maestro  nos heredó  por  medio  de  nuestro  amado  Fundador,  beato  Santiago  Alberione  y  la segunda se refiere a la Conversión: Tengan dolor de los pecados… Las tres frases se  integran  y  complementan  en  un  único  proyecto  espiritual-apostólicoEn  la medida que vivamos en continua conversión, nos dejaremos iluminar por Jesús y crecerá en nosotros la certeza que Él camina con nosotros y no hay que temer nada para avanzar y comprometernos por el bien de nuestros hermanos.

VIII. SIGNIFICADO DE VIVAN EN CONTINUA CONVERSIÓN EN EL CARISMA PAULINO

¿Cómo entender “Cor Poenitens Tenete”?. Por la explicación que el primer Maestro nos da en (AD 158), comprendemos que se trata de una profunda actitud interior que abraza tanto el reconocimiento de nuestros pecados como la serena aceptación de nuestra realidad de criaturas que tienen necesidad de ser conducidas por Él y recibir su misericordia… Esta relación intensifica y hace verdadera y vital la alianza.  Más  exactamente  el  Padre  Alberione  nos  dice:  el  dolor  de  los  pecados significa un habitual reconocimiento de nuestros pecados, defectos e insuficiencias. Distinguir en nuestra vocación lo que es de Dios, de lo que es nuestro: a Dios todo el honor a nosotros el desprecio. Así es como se entiende esa oración de nuestra fe, que es el Pacto” o “secreto de feliz éxito” (AD 158).

Consecuentemente  nos  invita  a  vivir  en  la  sinceridad  más  profunda  ante nosotros mismos y ante Dios. Vivir sinceramente ante Dios es la actitud correcta que  la  Biblia  atribuye  al  corazón.  ¿Y  por  qué  precisamente  al  corazón?  Hoy consideramos que es el cerebro el que quiere, conoce, aprende, etc. la Biblia en cambio, señala el corazón como centro vital, intelectual, volitivo y emocional de la persona. El corazón es el lugar de origen, de referencia y de unidad de nuestras relaciones con Dios y con el prójimo… Así pues, para entender el “Cor poenitens tenete”, (tengan un corazón penitente, es decir, en penitencia), leamos algunas citas bíblicas.

El corazón en el Evangelio de Mateo

Es la sede de los pensamientos: “¿Por qué piensan perversamente en su corazón (9,6)?. Pero si un criado malvado dijese en su corazón… (24,48)”.

Sede del conocimiento: “Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, se les han encallecido las orejas para no oír y han cerrado los ojos; no fuera que viendo con sus ojos, oyendo con sus orejas y entendiendo con su corazón se  convirtieren  y  yo  los  curara…  (13,14-15).  Es  claro  que  en  este  pasaje  la capacidad de entender no es intelectual sino equivalente a una profunda relación con el Señor…

Sede de la percepción de valores y el correspondiente empeño: “Donde está tu tesoro está tu corazón… (6,21).

Sede de las actitudes hacia las personas: “Aprendan de mí que soy manso y  humilde  de  corazón”  (11.29;  “Así  hará  su  Padre  si  no  perdonan  de  corazón” (18,35).

Es finalmente, sede de la relación con Dios: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón…” (22,37); este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” (15,2). La perspectiva de Mateo es típica de toda la Biblia: cuando hallamos la palabra corazón debemos entender interioridad, núcleo profundo de la persona que piensa, ama, orienta su vida en conformidad o en contraste con el querer de Dios; en este último caso se habla de corazón endurecido.

El corazón, sede de la alianza: (Dt 30) El Deuteronomio o segunda Ley fue escrito para estimular al pueblo a vivir con un corazón fiel, Todo el libro está lleno de expresiones equivalentes a: hoy hacemos alianza, hoy nos comprometemos con Dios  (28,12-14)…  Se  tiene  la  impresión  de  que  el  autor  quiere  llegar  a  lo  más profundo de  la alianza  como  experiencia  de  la  relación  exclusiva  con  Dios…  La alianza es expresada con el término “corazón” (vv.1.2.6.10.11.17) y con el término “amor” (vv. 6.16.20).

A la palabra corazón corresponde el término convertirse, y a la palabra amor, el verbo obedecer. La alianza es el resultado del corazón orientado hacia Dios; se expresa en una capacidad de amor que desea solamente obedecer a Dios… El profeta Oseas afirma que el corazón vuelve atentos, capaces de escuchar: Yahvé nos habla a los oídos, habla al corazón (Os 2,16). No tener corazón equivale a no ser  capaces  de  escuchar,  incapaces  de  entender  (Os  4,11;  7,11).  Podemos entender así esta relación:

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La conversión vinculada con el amor está expresada en las citas siguientes: “Si te conviertes, obedecerás la voz del Señor…” (v.8); “cuando obedezcas la voz del Señor…cuando te hayas convertido” (v.10); “pero si tu corazón se vuelve atrás y  no  escuchas”…  (v.17).  La  conversión  es  obediencia  y  esta  compromete  a  la totalidad de la persona porque procede del corazón. Así vivió Jesús la obediencia.

La conversión se expresa como capacidad de vivir en la obediencia humilde y dócil a Dios, reconocido como el único Señor, la fuente de la vida. A Israel le es ofrecido vivir, a condición de que mantenga un corazón circunciso (v.6). Y camine por los caminos del Señor (v.16). Es preciso que elija: de su opción depende el futuro.  De estos textos inferimos que la relación de la alianza no se reduce a normas exteriores, sino que implica una pertenencia total a Dios, reconocido y amado como el único Señor…

El Corazón incapaz de Alianza. Lo contrario al corazón orientado hacia Dios es el corazón endurecido: “No endurezcan su corazón y no cierren la mano ante  el  hermano  necesitado”  (Dt.  7,15).  El  corazón  endurecido  es  incapaz  de escuchar:  “Cada  uno  sigue  la  obstinación  de  su  corazón  malvado  y  se  niega  a escucharme (Jr. 16,12; Sal 95,8-9).  El corazón endurecido, aparte de no escuchar las  palabras del Señor,  es  incapaz de reconocer  sus presencias y sus  acciones salvíficas.  El pecado es el resultado de las actitudes de un corazón endurecido: “Escuchen esto por favor, pueblo necio y sin corazón: tienen ojos y no ven, tienen orejas y no oyen. ¿Así no tendrán temor de mí? Dice el Señor (…), pero este pueblo tiene un corazón terco y rebelde; se dan la vuelta y se van. No dicen siquiera en sus adentros: Temamos al Señor nuestro Dios… (Jr. 5,21-25)…

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El corazón que desobedece es incapaz de reconocer que Dios “los apacentó con recto corazón y con sabia mano los fue guiando” (Salmo 77,72). Es la actitud del pueblo a las puertas de la tierra prometida: ante las dificultades que reclamaban poner  toda  la  confianza  en  Dios,  que  los  había  guiado,  se  rebelan  y  pretenden buscar otro guía.

¿Es  posible  un  corazón  capaz  de  escuchar  dócilmente?  Con  sus  solas fuerzas la persona humana es incapaz de fidelidad absoluta. Jeremías (7,24-26) y Ezequiel (3,7) nos recuerdan que somos pecadores desde nuestros orígenes. Pero Dios, si no ponemos resistencia, nos otorga el don de un corazón nuevo (Ez 36, 26 y 11,19-20:  Jr 4,4  y 31,31-33). La persona que  vivió  en perfecta sintonía  con la voluntad de Dios es Jesucristo (Hb 5,7-9) quien nos concede el don de su Espíritu.

Dos modalidades del corazón orientado hacia Dios

El  corazón  capaz  de  escuchar  aprende  a  “temer  y  a  servir”  al  Señor. Temerlo  significa  reconocerlo  como  dador  de  todo  bien.  Tal  reconocimiento  y consecuente servicio se expresan también con la imagen del “corazón circunciso”: que verdaderamente pertenece a Dios (Rom 2,29).

A  los  judíos  que  presumían  de  pertenecer  a  Dios  por  el  hecho  de  ser circuncisos,  Pablo  les  recuerda  que  la  verdadera  circuncisión  es  la  del  corazón (Rom 2,29). Con un corazón circunciso el pueblo de Israel habría tenido que alabar a  Dios  por  la  historia  de  salvación  cumplida  a  su  favor,  por  el  don  de  la  tierra prometida.  Así  nosotros  debemos  reconocer  la  intención  del  Señor  desde  los orígenes de intención del Señor desde los orígenes de nuestro carisma porque nos viene de Él y hemos de darle cuentas. Quizá también esto quería decirnos el P. Alberione al escribir: “Distinguir en nuestra vocación lo que es de Dios de lo nuestro” (AD 158)

Nuestra vocación como la de Israel a ser pueblo de Dios, es don suyo: Dios nos ha considerado dignos de confianza y por tanto nos comportamos no como patrones sino como ciervos agradecidos conscientes de su presencia y dóciles a su Palabra.

En este sentido, temerle es lo mismo que prestarle servicio. Lo hacemos con nuestra  labor  apostólica  que  lo  proclama  como  el  Pastor  que  nos  conduce  con sabiduría  y  amor.  En  este  espíritu,  nuestro  corazón  estará  orientado  a  Dios,  si tenemos un corazón puro que le pertenece y un espíritu de pobreza que tiene a Dios como única riqueza. Compartir con los demás lo que somos y tenemos en nuestros ambientes: familiar, comunitario, social y apostólico es asumir la actitud de María que  observaba  todo,  lo  guardaba  en  su  corazón,  pero  en  el  momento  oportuno rogaba a su Hijo: “No tienen vino” y pedía a los demás: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 1-11).

El Documento del Sínodo, nos presenta propuestas y desafíos para colaborar en la pastoral juvenil, (p.119-125) a la luz de su lectura y reflexión, consideremos ¿qué podemos hacer personal y comunitariamente por nuestros jóvenes? ¿Cómo ser personas y o comunidades significativas para la pastoral vocacional?

Pidamos a María Reina de los Apóstoles que nos ayude a orientar nuestro corazón  a  Dios  para  lograr  VIVIR  EN  CONTINUA  CONVERSIÓN,  ser  fieles  a nuestra vocación y poder decir a los y las jóvenes con nuestra vida: “Ven, Jesús te necesita.

IX. PARA REFLEXIONAR

¿Cómo es mi camino a la Conversión? ¿Cuáles son mis resistencias? ¿Qué me pide Dios para esta cuaresma?

¿Cómo aprender a escuchar los clamores de nuestros jóvenes hoy?

Pero  ¿qué  significa  para  mí,  en  el  nuestro  Carisma  Paulino,  “Vivan  en  continua conversión”?

En este año Vocacional, ¿qué conversión deseo vivir? ¿qué estoy dispuesto a vivir para lograrlo?

 

CENTRO DE ESPIRITUALIDAD PAULINA, MÉXICO-CUBA


[1] Homilía Miércoles de Ceniza, 10.II.2016.

[2] Homilía 28.III.2014

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