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29 OCT

¿Qué provecho espiritual podemos rescatar de la celebración del Día de Muertos?

Te compartimos cuatro elementos para vivir bajo la sonrisa de tus difuntos, para sacar provecho de este bello acontecimiento que celebramos como Iglesia, a sabiendas de que la muerte es una enseñanza para nuestro existir.
¿Qué provecho espiritual podemos rescatar de la celebración del Día de Muertos?

En principio, deberíamos empezar por convencernos de que la muerte, para los cristianos, es una liberación, una meta, una Pascua: el paso a la tierra prometida, y no un motivo de tristeza y, menos aún, de penitencia reparadora.

Puede que haya tristeza y llanto por la separación humana, por el dolor sensible, por la tragedia que sea,debería estar arropado y consolado por la fe –que es segura confianza– en la felicidad eterna.

Nuestra fe es esta:“Los que mueren, mueren para vivir”. No sabemos el camino que aún tendrán que recorrer, pero estamos ciertos de que pasan definitivamente al otro extremo de la Vida.

Por tanto, los signos y oraciones propias del “Día de Muertos” deberían ser de esperanza y alegría por la etapa superada –en la forma posible a cada cual–, por el desembarco de aquellos que han partido a los brazos del Padre.

El descanso en la paz

Lo primero que podemos hacer por nosotros y por nuestros difuntos es “aceptar” su descanso en la paz, y orar por ellos. Pues, a final de cuentas, no se puede hacer nada más. De hecho, es sabido que nada hay que temer por los difuntos, porque están caminando bajo el impulso de la Misericordia infinita de Dios.

Ahora bien, en el marco de la celebración del recuerdo de nuestros difuntos, te propongo cuatro elementos para vivir bajo la sonrisa de tus difuntos, para sacar provecho de este bello acontecimiento que celebramos como Iglesia, a sabiendas de que la muerte es una enseñanza para nuestro existir:

1. Perdonar: perdonar de corazón las posibles heridas que te causaron los difuntos –en caso de haberlas–, hasta que no quede ni rastro de resentimiento. No porque necesiten tu perdón, sino porque ese perdón es la medicina que necesitan tus heridas. Pero recuerda: perdonar no es apretar los dientes y olvidar el dolor de tus heridas. Perdonar es comprender tu propia fragilidad y las limitaciones de los que te hirieron.

2. Seguir el buen ejemplo que te dejaron: es la mejor forma de amar y honrar su memoria. Es verdad que tiene sentido nombrarles en la Santa Misa para sentirnos orando “con ellos”, para seguir sintiendo su aliento y ejemplo de vida, pero es aún más maravilloso rescatar su sabiduría en la vida para aplicarla en la nuestra.

3. Admirar: amar es admirar y admirar nos lleva a imitar lo que admiramos. Si admiramos –si amamos–, es porque ya tenemos en nosotros algo de eso que admiramos. Por lo tanto, estamos llamados a admirar el recorrido de la vida que hicieron nuestros difuntos. Eso estimulará tu crecimiento personal. Y esa es también una de las grandes finalidades de honrar a los muertos.

Te aseguro que lo que ellos desean es que aproveches bien su buen ejemplo y evites todo aquello que raya en el error; que sigas tu camino y despliegues al máximo todos tus dones. ¡Eso será para ti un aire fresco! ¡Y es los verdaderamente urgente, realista y espiritualmente eficaz!

4. Colocar tu intención en la Eucaristía: no olvides que la Eucaristía –acción de gracias– es totalmente gratuita, es puro don del Señor e invitación a imitarle: “Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19).

No hemos de pagar culpas ajenas, ni cumplir sacrificios purificadores, ni hacer méritos para sacar a los muertos del “fuego”. Basta considerar nuestros buenos deseos en medio de lo que intentamos vivir bajo el signo de una “comida fraterna” –la Eucaristía–, para vivificar en nosotros la presencia y el ejemplo del Señor: amor, unión, paz, alegría, motivación mutua para caminar hacia los brazos del Padre.

La certeza de nuestra fe

Lo que sabemos con certeza sobre el futuro después de esta vida en la tierra es que “Dios lo será todo en todos”(1Cor 15,28). Esa es nuestra fe, esa nuestra esperanza, esa la alegría de recordar a nuestros muertos y celebrar por ellos. De allí que, al poner a nuestros seres queridos sobre el Altar, llenémonos de gozo al saber que gozan ya de la Luz eterna.


Autor: Jairo del Agua, Fuente: RD

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