63 DOMINUM ET VIVIFICANTEM, EL ESPIRITU SANTO EN LA VIDA DE LA IGLESIA – SAN PABLO
JUAN PABLO II
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Características principales
| Peso | 0.165 kg |
|---|---|
| Código de barras | 9789706121554 |
| Editorial | EDICIONES PAULINAS |
| Formato/Medidas | 13.5 X 21 |
| ISBN | 978-970-612-155-4 |
| Páginas | 144 |
Descripción
CARTA ENCÍCLICA
La Iglesia profesa su fe en el Espíritu Santo que es » Señor y dador de vida «. Así lo profesa el Símbolo de la Fe, llamado nicenoconstantinopolitano por el nombre de los dos Concilios -Nicea (a. 325) y Constantinopla (a. 381)-, en los que fue formulado o promulgado. En ellos se añade también que el Espíritu Santo » habló por los profetas «. Son palabras que la Iglesia recibe de la fuente misma de su fe, Jesucristo. En efecto, según el Evangelio de Juan, el Espíritu Santo nos es dado con la nueva vida, como anuncia y promete Jesús el día grande de la fiesta de los Tabernáculos: » » Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que cree en mí «, como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva «.1 Y el evangelista explica: » Esto decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él «.2 Es el mismo símil del agua usado por Jesús en su coloquio con la Samaritana, cuando habla de una » fuente de agua que brota para la vida eterna «,3 y en el coloquio con Nicodemo, cuando anuncia la necesidad de un nuevo nacimiento » de agua y de Espíritu » para » entrar en el Reino de Dios «.4
La Iglesia, por tanto, instruida por la palabra de Cristo, partiendo de la experiencia de Pentecostés y de su historia apostólica, proclama desde el principio su fe en el Espíritu Santo, como aquél que es dador de vida, aquél en el que el inescrutable Dios uno y trino se comunica a los hombres, constituyendo en ellos la fuente de vida eterna.









































